lunes, 16 de marzo de 2015

La semana pasada empezamos con Ejercicios Espirituales en la parroquia, el primer día se trataron de un pasaje que hoy me hace ruido más que nunca:
Mc 1, 14-17: “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,
diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.
Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.
Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.”
He venido quedándome mucho con los divagues que esta experiencia ha provocado, pero la situación actual me invita a compartirlo, la realidad que vivimos como mexicanos hoy en día no deja de indignarme, hoy tomé el camión equivocado y  viaje en una ruta que recorría las calles divisorias de dos municipios de la periferia que rodea a la querida ciudad de Monterrey, me sorprende al ver que las viviendas eran inhabitables, miles y miles de viviendas, siempre que veo las miles de casas de la colonia en la que vivo siento algo tremendo, por saber que dentro de esas casas hay historias de dolor, también de alegría, pero dentro de esas casas se vive el peso de un pecado estructural que cada día se mueve con más inteligencia, que nos oprime y nos violenta. Horas antes hablábamos sorprendidas algunas amigas sobre el caso de Aristegui y vi el panorama más obscuro que de costumbre, esa mujer representa muchas cosas para mí, me representa más que los gobernantes de éste país, representa la fuerza de miles de mexicanos trabajadores que alzan su voz y representa el amor hacia la justicia y hacia este país.
 Sé que Aristegui no es la representación total de la libertad de expresión de los mexicanos, porque la libertad de expresión empieza en el momento en que ejercemos nuestro derecho dialogar y compartir nuestros propios sentimientos e ideas, derecho que ningún gobierno nos puede quitar, derecho que solo ejerceremos cuando no le tengamos miedo a la libertad ni miedo al empoderamiento. Hoy me siento invitada por ella para ejercer ese derecho.
 Regresando a la cita bíblica, Juan el Bautista era un profeta que sabía que estaba preparando el camino para algo más grande, alguien que preparaba a la gente para escuchar la verdad y los invitaba ejercer su libertad para crear un cambio. Yo sé que a Aristegui no la mandaron a matar ni exigieron su cabeza en una charola de plata, (pero lejos de eso no están) la manera en la que ha salido de los “medios” nos debe invitar como mexicanos a tomar una postura parecida a la que tomó Jesús cuando encarcelaron a Juan el Bautista. Buscar compañeros de vida con quienes sanar, dignificar, ir a los lugares donde nadie quiere ir, gente que no le tenga miedo a la libertad, ni a usar su voz. Tengo fe en nosotros como mexicanos que la salida de esta gran mujer nos moverá a salir también a de nuestra zona de confort, de nuestros miedos, a donde necesitan nuestra voz.  Como dijo Victor Trujillo, se necesitan muchas voces y este no es el final, es el inicio, el inicio de una búsqueda de nuevos espacios que generen esperanza, donde nuevas voces resuenen en nosotros y nuestras voces como mexicanos suenen con fuerza ejerciendo nuestra libertad, creando comunidad.
“éste es tiempo favorable, éste el día de salvación”

Cor 6, 2